Inscripciones: Trabajando el Backend de una Obra de Nivel Internacional

Trabajar con artistas de renombre en obras de alto nivel, expuestas en museos importantes del país, no es un camino fácil. Está lleno de horas extra y, a menudo, un nivel bajo de reconocimiento. Sin embargo, estar en la posición técnica de desarrollar junto a grandes mentes creativas y exponer en lugares de alto prestigio vale completamente la pena.

He trabajado como instructor de cátedra en el Tecnológico de Monterrey, campus Querétaro, por tres años, dentro de la Escuela de Arquitectura, Arte y Diseño. Esto me ha dado la oportunidad de colaborar en el Laboratorio de Arte, Tecnología e Investigación (ART lab, anteriormente ACT lab). Dentro de este trabajo, he tenido la gran experiencia de asesorar técnicamente a diversos artistas en tecnologías emergentes.

Como ingeniero en sistemas computacionales que, después de ser diagnosticado con Autismo y TDAH, se movió de las Ciencias Computacionales al mundo del Arte y el Diseño, poseo una perspectiva eficaz para ayudar a los artistas que buscan implementar alta o baja tecnología en sus proyectos. Además, apoyo en las instalaciones de arte, realizando el montaje y mi parte favorita: el desmontaje de estas obras. Pero, ¿cómo es trabajar en un puesto así? ¿Cómo es ser un tecnólogo creativo?

El Artista y las Expectativas Variables

Trabajar con artistas no es un tema sencillo. Es crucial poder establecer límites claros entre su visión y conceptualización de la obra y la capacidad técnica real de representarla. En el mundo de la ingeniería, me enseñaron a optimizar, eficientizar y conseguir objetivos de manera lineal. En cambio, en el mundo del arte, esta rigidez no es necesaria.

Claro que hay un presupuesto que mantener y fechas de entrega definidas, pero a diferencia de los proyectos para la industria, en el arte todo es muy variable. Trabajar con un artista es aceptar que pueden pasar meses sin una junta porque está viajando y exponiendo obras en Dinamarca. O que las exposiciones se pospongan por temas políticos locales. En el peor de los casos (que no me ha pasado, pero sí me han contado): un cambio de gobierno, el despido de todos los involucrados en el museo, y todos los planes quedan enterrados entre política y burocracia.

Aun con este ambiente tan cambiante, las expectativas son altísimas. Se necesita alcanzar un nivel de calidad que sea apreciado no solo por el artista, sino también por el museo y las personas involucradas en la curaduría.

Como tecnólogo creativo, el trabajo es detrás de las cortinas, en las sombras de una oficina o un laboratorio, haciendo experimentos e intentando encontrar la forma de realizar o exponer las obras sin saber si lo que estás haciendo será correcto o del agrado de los responsables. Aun así, es un proceso muy enriquecedor. He aprendido y dominado multitud de herramientas tecnológicas y análogas en mis procesos creativos, cosas que como ingeniero en sistemas nunca me hubiera planteado hacer: desde la creación de hologramas y fantasmas (como en teatro) hasta tejer con hilo conductivo para realizar obras tecnológicas sobre textiles. El mundo del arte y la tecnología está mucho más ligado de lo que parece en un principio.

La Producción y lo que No Llega a la Obra

He mencionado la producción en una oscura oficina sobre obras disruptivas y extravagantes. Pero lo más sorprendente de tanto nivel de producción es la cantidad de trabajo realizado y aprobado que nunca llega al museo.

Durante la exposición “Inscripciones”, que realicé con el ART lab y el artista Said Dokins, tuve la oportunidad de trabajar con hologramas utilizando un monitor especial llamado LookingGlass. Aprendí a realizar estos hologramas e incluso a hacerlos interactivos en tiempo real utilizando software como TouchDesigner. La primera exposición fue en la Feria Internacional del Libro de Monterrey en 2023, donde se mostró la primera iteración que programé y diseñé basándome en las obras de Said.

Para las siguientes iteraciones de la obra, actualmente expuesta en el Laboratorio Arte Alameda en la Ciudad de México, se me pidió realizar nuevamente estos hologramas. Con más experiencia y capacidad técnica, hice una segunda versión, que, en mi opinión, quedó mucho mejor que la primera. La primera vez los hice con mapas de profundidad y composición de imágenes. La segunda, la realicé en TouchDesigner, lo que incluso permitiría una reproducción en tiempo real, aunque al final fueron exportados para evitar la necesidad de una computadora en el museo.

Todo el proceso de producción sonaba muy bien, pero ¡oh, mi sorpresa! Cuando visité el Laboratorio Arte Alameda durante un viaje a una conferencia en CDMX y pregunté a los asistentes sobre los hologramas, ¡nadie sabía de qué hablaba! Así es: por cuestiones de iluminación, los hologramas a los que tanto tiempo dediqué no pudieron ser expuestos y estaban guardados en alguna bodega. Esa es, a veces, la realidad de producir desde una oficina oscura y no poder estar siempre en el campo de la exposición.

Los Créditos y la Ausencia de Ellos

Durante la producción de la obra, yo solo fui una pieza de la gran maquinaria interdisciplinaria que creaba la experiencia. Gracias a mi aportación, obtuve la coautoría en un artículo científico que será publicado en la prestigiosa revista Leonardo del MIT. Además, mi nombre forma parte de los créditos en las exposiciones realizadas en Monterrey y ahora en el museo (y claro que fui a tomarme una foto junto a ellos).

Pero, ¿qué ocurre cuando la obra se publica en un medio como el NY Times o incluso en la revista local del campus, CONECTA? Mi nombre no está ahí. Esa es una realidad que debes tener en mente si quieres ser un tecnólogo creativo, especialmente al comienzo de tu carrera. No es la primera vez, ni será la última, que mi nombre no esté junto a las obras que ayudo a crear. Es parte de la burocracia y política implícita al laborar en el mundo del arte.

Aun así, en comparación con la experiencia y el conocimiento que he adquirido, y la oportunidad de incluir estas obras en mi portafolio, es un reconocimiento que me impulsa profesionalmente. Además, el honor de saber que fuiste parte de algo tan grande es muy satisfactorio y, en mi opinión personal, vale completamente la pena.

Pero, definitivamente, un puesto así no es para cualquier persona.

Samuel I. Ramirez-Navarro

Tecnologo Creativo y Docente

Instagram: @sam.ranav